jueves, 10 de febrero de 2011

Cazando Fantasmas. Ray Parker, Jr.



Siempre he considerado injusto reducir la carrera profesional de solistas o grupos a un solo éxito. Probablemente brillaron como nunca antes ni después en listas de ventas con la canción de turno que tocaba según la moda del momento. Pero me niego a eso. Lo más conocido no es necesariamente lo mejor.

Y todo ello sin perjuicio de que existan canciones que marcaran una época garantizando tanto su supervivencia como la del autor y/o intérprete al crear estilo y entrando a formar parte de la historia de la música con letras doradas.

En los primeros años ochenta el director de cine y actor Dan Aykroyd, que tiempo atrás había creado la banda de blues The Blues Brothers a raíz del programa de tv yanqui Saturday Night Live, formó pareja en la gran pantalla con el actor Bill Murray para el cine comercial con Ghostbusters (1983).

La canción estrella de la película estuvo 2 semanas como nº1 en listas de R&B y otras tres más en las de estilo pop un año después. Ghostbusters es una canción resultona, comercial, que elevó a los altares de la púrpura a su autor Ray Parker, Jr.

Pero Ray no era un recién llegado proveniente de Detroit. Atesoraba una dilatada carrera como guitarrista, compositor y productor. Fue músico de estudio para los archiconocidos Holland-Dozier-Holland que tanto color dieron a los éxitos de Motown con su peculiar soul en grupos como The Supremes de Diana Ross.

Pero es que se codeó con los mejores. Por ejemplo The Temptations, Gladys Kinght & The Pips y el mismo Stevie Wonder que por aquellos años ya era muy influyente. Subió incluso con él al escenario a interpretar Superstition. Fue en 1972 en un tour que Wonder realizaba junto a los Rolling Stones.

Ha compuesto para Chaka Khan, Barry White, Cheryl Lynn, Deniece Williams y Diana Ross. Y a finales de los 70, sobre 1978, grabó su propio disco desarrollando un bonito R&B de toques funky con un grupo de acompañamiento llamado Raydio.

El último se publicó en 1981 y se llamó A Woman Needs Love figurando Ray Parker, Jr. como estrella única y pasando a segundo plano la banda. En él se incluye un atractivo medio-tiempo que fue nº1 en listas R&B en ese mismo año, concretamente la canción central del álbum, A Woman Needs Love (Just Like You Do), entre un total de 8 baladas funk. Disfrútala, te va a gustar.






viernes, 4 de febrero de 2011

El Ritmo de la Calle




Érase una vez un grupo de cuatro músicos británicos que se apresuraron a dar forma a un concepto musical novedoso. Notas simples, divertidas, con poco más que la base pop que ellos mismos impulsaron a uno y otro confín con un poco de descaro, juventud y ganas de divertirse.

Dicho así pareciera que hablamos de los afortunadamente inevitables The Beatles. Pero no, mire usted. La descripción puede encajar perfectamente con otros cuatro músicos, de simple instrumentación, aunque éstos completamente desenchufados, y con las mismas ganas de divertirse haciendo música sin complejos, sencilla pero muy efectiva.

Se llamaban Street Boys. Solían hacer pasacalles por la ciudad de París, arremolinando en torno suyo a cientos de curiosos sorprendidos por la facilidad pop al combinar el contrabajo, clarinete, acordeón y guitarra. Canciones frescas que contagiaron Europa en el verano de 1981.

Alguien les propuso grabar y así nació en aquel año el álbum Street Boys con toda la magia de la sencillez y espontaneidad. Imagínate esos instrumentos en directo contagiando la alegría a un público entregado sin esperar ningún virtuosismo, porque ciertamente no lo había, sólo el firme propósito de pasarlo bien, sin más.

No creas pero a veces el exceso de watios y parafernalia termina creando un monstruo de barro que expele ruido más que otro acorde medianamente legible, un muro sónico difícilmente digerible.

Curiosamente tuvieron una acogida excepcional en España. Aquí se les seguía con verdadero interés. Lástima que su vida fuera tan efímera como intensos los dos años en que enamoraban por su naturalidad. Grabaron sólo dos discos. El primero es el que funcionó. El segundo, Street Boys II, ya no fue igual. De repente un día amaneció y ya no estaban.

Ambos discos son incunables, no hay manera de encontrarlos y ni siquiera sé si llegaron a editarse en formato cd. Por fortuna sí que guardo la edición en vinilo, pero... ¡sorpresa!... en Youtube he podido localizar uno de sus cortes abanderados, Some Folks del primer álbum.




¿Neil Diamond En España?




Incombustible la estrella americana Neil Diamond nos está sorprendiendo en los últimos tiempos. Su reactivación a base de naturalidad e inmediatez sonora de la mano del productor Rick Rubin le han devuelto a sus mejores años de éxito internacional en lugares puntuales a los que prometió ir en gira de conciertos y jamás lo hizo. España es uno de esos sitios.

Hace unas semanas se rumoreó que el programa de la Cuatro que dirige y presenta Pablo Motos, El Hormiguero, había barajado la posibilidad de invitarle. Los telediarios de cadenas como Antena 3 han emitido promociones de su último disco Dreams. Las estaciones de radio se prodigan en realizar especiales en torno a su figura como cantante y compositor en los últimos cuarenta años, en ocasiones menciones que siquiera hasta hace sólo unos pocos años eran impensables.

Lo curioso es que Neil Diamond nunca ha gozado de muy buena prensa en nuestro país en el que arrasó en listas de éxitos con canciones como Song Sung Blue o America. Sin embargo ahora está presente en prensa, radio y televisión con elogios varios y todos en dirección a su buen momento actual.

Para asombro de sus seguidores que conocen al detalle sus años de trabajo incansable no se hace mención en que aunque efectivamente su producción discográfica descendió en los últimos años y las ventas de sus álbumes, aún registrando discos de oro, no llegaban a la importancia de sus años mejores, Neil Diamond no dejó de girar en concierto no sólo en EE.UU. donde agota la venta de entradas, sino también en Europa y Australia.

Aunque detractores no le siguen faltando. José Ramón Pardo, José María Íñigo o Julián Ruiz que no han dudado en calificarlo en términos poco acogedores sin duda heredados de un pasado en que la estrella escurrió sus invitaciones a programas líderes por entonces en la parrilla de tve, caso de Íñigo, o también de José Ramón Pardo que piensa perdió su carisma cuando dejó de fabricar canciones sencillas de éxito inmediato.

Afortunadamente Diamond es mucho más que todo eso. Al margen del carácter recio y algo extravagante que este autor exhibió otrora, existe un compositor de talla, de voz elegante y gran atractivo mediático, que eso es importante hoy día, y sobre todo una extrema sensibilidad en la interpretación. En su último disco prescinde de parafernalias y a sus setenta años luce una voz tratada sabiamente por el tiempo en matices nuevos que descubren una y otra vez la calidad del autodidacta de Brooklyn.

A continuación os dejo uno de esos especiales a los que hacía mención. El programa "La Madeja" de rtve realizó un especial sobre Diamond el pasado diciembre de 2010:


Hoy vamos a enredar en nuestra madeja a un hombre totalmente excesivo, un tipo que desafía todos los números en cuestión de cifras de ventas, canciones compuestas, versiones acreditadas por otros artistas, premios conseguidos o aforo de sus conciertos. Un tipo al que en su país natal, Estados Unidos, se le ama o se le odia, siempre en grado superlativo y sin medias tintas: Mr. Neil Diamond.













domingo, 30 de enero de 2011

Suavemente Me Mata


No hagas caso cuando oigas que las efe emes musicales de hoy se repiten mucho. No es verdad. Las de hoy y las de hace cuarenta años. Y de eso ha quedado constancia a lo largo de la historia. Ocurre que en la actualidad se han triplicado y la consecuencia es la profusión musical. Te voy a contar el caso más significativo de todos.

Corría el año de Nuestro Señor 1970 cuando el folkie y compositor neoyorquino Don Mclean debuta después de su acreditado estatus como compositor. El primer disco fue un fracaso. Pero no se puede decir lo mismo del segundo, American Pie (1972). El título del disco en cuestión llegó a publicarse en single y aquí es donde se forjó su bendita perdición. Una oda de ocho minutazos. Desde el folk la cancioncita narra una historia simbólica del Rock'n'Roll.

Puntualizando te diré que gira en torno a un acontecimiento musical bautizado según el propio Mclean como "El día que murió la música", es decir, el 3 de febrero de 1959. En esa aciaga fecha un fatídico accidente aéreo se llevó por delante a Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Booper. Viajaban en la misma avioneta camino de una actuación.

El caso es que la canción gustó y mucho. Y las efe emes americanas no paraban de radiarla. Hasta la saciedad. Una y otra vez. Es entonces cuando la ironía entra en juego. De pronto una cantante de soul natural de Nanshville empieza a dejarse oír con un tema llamado Killing Me Softly With His Song (Suavemente me mata con su canción). Era 1973. Cinco semanas número uno y el mayor éxito de su carrera. Curiosamente se extiende la leyenda de que el temita pendenciero era una alusión a lo pesado de Mclean con su American Pie que estaba hasta en la sopa.

Pero seamos honrados y contemos la historia desde el principio. Para ello hemos de trasladarnos a California. Allí encontramos a una cantante de Folk de nombre Lori Lieberman y aficionada a la escritura de poemas. Ésta, inspirada de nuevo por El Pastel Americano, escribió Killing Me Softly With His Blues. A su vez los compositores Charles Fox y Norman Gimbal, que verás en los créditos de la canción, pusieron la música al poema de Lori y ella misma se encargó de grabarlo bajo el título Killing Me Softly. Y así nació la primera versión, la original para entendernos.

Y las cosas que tiene la vida que la grabación de Lieberman hoy sigue eclipsada por la enorme repercusión de la versión de Roberta Flack; luego en 1988 con Al B. Sure y en 1996 con The Fugees, entre otras de menos calado. Presentemos pues nuestros respetos a su autora y suavemente... la recordamos a continuación.


sábado, 29 de enero de 2011

Michelle, Mi Bella




Siempre que traemos algo tan clásico de grupos o solistas a la vez intimamente insertos en la cultura general con una significación más allá del hecho puramente musical la prudencia es obligada por pura tendencia natural. A veces deshacer el mito granjea no pocas animadversiones.

Esta canción, si no de las mejores al menos de las más populosas de la banda de Liverpool fue compuesta por McCartney azuzado por Lennon. Aclaración obligada a continuación.

En una fiesta de estudiantes de arte en la que estaba presente Paul, como en innumerables otras, un estudiante ataviado con una barba de chivo y una camiseta a rayas cantaba -o lo intentaba- en francés. Nuestro beatles de pronto balbuceó unas palabras ininteligibles intentando hacer una grotesca imitación para entretener a los presentes de la fiesta.

Pasados los días Lennon le propuso que añadiera una letra real a la melodía que esbozó en aquella pose festiva. Dicho y hecho. La canción en la versión original que conocemos hoy quedó para la posteridad incluida en el álbum Rubbel Soul (1965) del mítico cuarteto.

Éstos sin embargo parece que no prestaron la necesaria atención a Michelle habida cuenta que la rechazaron como single en el Reino Unido y EE.UU. Aunque sí llegaron a hacerlo en algún país europeo. Fueron no obstante los Overlanders, una banda de folk que refundó su música al pop con la llegada de la era Beatles los que la encumbraron al nº1 por primera vez en una espléndida versión en 1966, además de convertirse en su único éxito.

Sorprendente trastienda. A continuación te dejo la versión original y la realizada por los Overlanders.





domingo, 23 de enero de 2011

Escurridizo Éxito


Hay artistas que por sí solos apenas consiguieron que sus carreras llegaran a destacar salvo en puntuales ocasiones y siempre estuvieron vinculados a sus trabajos compartidos. A veces como músicos de sesión en otras como coristas de solistas o grupos afamados.

Jennifer Warnes es poseedora de una de las mejores voces del panorama pop y country. Quizá sólo comparable a la de Emmylou Harris. Esta cantante, compositora y actriz de Seattle (1947) debutó en el elenco oficial de la obra Hair en su primera representación que fue en Los Angeles allá por 1968.

Llegó a grabar dos discos que apenas si significaron nada. Así que decidió sumarse a los coros del poeta y sin embargo cantante canadiense Leonard Cohen. Llegó a brillar llenando de color las a menudo trágicas y oscuras melodías del atribulado cantante.

Debido a este acicate reinició su carrera en solitario con la Warner Bros. por si esta vez había un mejor destino. Y lo hubo con el éxito Right Time In The Night del álbum Jennifer Warnes en 1977. Se clasificó en listas pop y country.

Pero de nuevo su tendencia volvió a ser contumaz. Sólo dos dúos posteriores consiguieron nuevamente sacar adelante su carrera al margen de su labor coral. Uno con Joe Cocker con el tema central de la película Oficial y Caballero en 1982. El otro cinco años después junto a Bill Medley, miembro de Rightheous Brothers, para la película Dirty Dancing.

Otro tanto ocurrió con Glen Campbell. El guitarrista de Arkansas (1936) se codeó con los mejores como músico de sesión. Elvis Presley, Frank Sinatra, The Moonkeys, Mamas And The Papas o Dean Martin. En 1967 obtuvo un éxito en solitario con el tema By The Time I Get To Phoenix con el que llegó a conseguir un premio Grammy en 1968.

Debido a las buenas amistades que hizo durante esa etapa como músico de estudio su programa televisivo de los años setenta le configuró como una estrella multimedia de la época gracias a los invitados que conseguía reunir en cada emisión.

Campbell ha seguido grabando pero con poca repercusión internacional. Es una de esas leyendas que aún guardan parte del brillo que antaño les adornó.




viernes, 7 de enero de 2011

Los Criticantes De Cine


Que nadie está en posesión de la verdad, que la objetividad es una virtud y que el respeto al de enfrente no sólo es un síntoma de buen civismo, sino, también de tolerancia...

Creo que hasta ahí estamos de acuerdo y en líneas generales se cumplen esas premisas. Ahora bien, y partiendo siempre desde ese concepto, hay un no sé qué, qué sé yo con los críticos de cine -por ahora me referiré a ellos solamente- que si el mundillo del Séptimo Arte dependiera, y ya dudo que no sea así, de las valoraciones de éstos, mal negocio tenemos.

Si no fuera porque uno calza ya alguna experiencia en la vida estaría por pensar que voy contracorriente siquiera ya por cualquier cinta se incluya en el género que se incluya, sino, en los propios géneros también. ¡Es que a mí me gustan justo las pelis que los críticos ponen a caer de un burro!.

Hace unos días pregunté a amigos y conocidos en torno a esta cuestión. Es posible que me estuviera volviendo loco y yo sin enterarme, así que mejor contrastar pareceres. Pues bien, jamás se lo habían planteado. Pero ahora que les sugería la reflexión llegaron a la misma conclusión que yo. Respiré aliviado.

Entiendo que la técnica se ha apoderado de un arte que por sí ya es espectacular sin necesidad de demasiados maquinarios digitales, tres dimensiones y virguerías varias de la modernidad. Que aquellas viejas películas guardan el encanto del equilibrio, obligado por esas mismas razones técnicas, entre guión, filmación e interpretación. Pero de ahí a salvar, y con muchas salvedades, a una de cada cien pelis que se producen en la actualidad me parece un pírrico e insultante porcentaje.

Decididamente debe haber un término medio entre Séptimo Arte, críticos y público. No creo yo que la gente acuda a una sala de cine a sufrir. Los críticos parece ser que sí. Si los que pagamos una entrada consideramos un determinado largometraje espléndido y ese mismo título en consecuencia alcanza su mejor éxito de audiencia y satisfacción... algo bueno tendrá.

Pero que nadie se confunda, que no digo yo que estemos sólo nosotros en posesión de la verdad. No. Digo que la "opinión autorizada" no suele tener en cuenta el gusto general del gran público que con su asistencia ensalza o no una película. Se cierra en torno a unos cánones a veces trasnochados y ataviados de una autoridad crítica tan tecnicista y académica que asusta.

Sinceramente, ¿no has tenido nunca la impresión que la crítica va por un lado y el expectante espectador por otro?. Bueno, ya sé que esto no es nuevo... pero ahora hablamos de crítica y cine. Vuelve en ti.

Falta de imaginación, cine descaradamente comercial, buena técnica disponible pero escasa habilidad al desarrollarla, bodrio, cinta infame, apta sólo para espectadores poco exigentes... Son algunos de los calificativos. Una férrea disección en definitiva y cuando deciden profundizar ya es el 'no va más', que uno, pobre mortal, se siente intimidado: "¿habré visto yo la misma peli que éste o he perdido el juicio?".

Entiendo que es su trabajo pero a veces nos quitan las ganas de ver más cine con tanta crítica destructiva. Sí, justo al revés. Yo os recomiendo que hagáis caso omiso y vayáis sin prejuicios a divertiros porque nada es perfecto. Id a ver una peli, pasar un buen rato con el género cinematográfico que os guste y si sois aventureros descubrid algún otro. Las disecciones para la mesa correspondiente.




jueves, 6 de enero de 2011

Una Historia De Joy Division


Especialmente trágica la historia de esta banda británica de Manchester surgida del punk, o al menos con parte de la fuerza e intensidad desbocada de ese brío musical que consiguió convertirse en tendencia en la segunda mitad de los setenta dominada por la Disco.

Como todas las bandas de aquel entonces aprovecharon fácilmente la posterior incursión en los modos de producción del sintetizador. Ya lo vimos con los australianos The Church. La particularidad del cuarteto Joy Division es que éste describía ambientes agobiantes, pesados y cargantes sin llegar al sonido pseudoindustrial de China Crisis o Talk Talk.

Su vocalista tuvo mucho que ver. Ian Curtis padecía una enfermedad tan imprevisible como destructora, epilepsia. En ocasiones en plena actuación sufrió ataques que terminaban por frustrar y minar la atormentada personalidad de Curtis que vio con el tiempo cómo su vida sentimental caía en picado costándole la ruptura de su matrimonio.

Solamente llegaron a grabar dos discos. Justo los que dio de sí la existencia terrenal de Ian Curtis. Incluso el segundo fue pospuesto varios meses, hasta julio de 1980, a consecuencia del suicidio del atribulado cantante. Closer (1980) estaba repleto de sombríos pasajes en torno a la muerte, temática recurrente, bien auspiciado por siniestros arreglos de teclado y efectos de estudio, aún más que su predecesor Unknown Pleasures (1979).

Como oscuro presagio ya desde sus inicios vía maquetas, conciertos en locales pequeños e intervenciones en emisoras de radio hasta la grabación de su primer álbum el cuarteto había asumido tácitamente que si algún miembro del mismo alguna vez faltaba jamás continuarían con el proyecto. No esperaban seguramente que iba ser tan pronto y tan trágicamente.

El trío restante jamás consiguió zafarse de la densa sombra de Joy Division, incluidas reediciones, recopilatas que llenaron durante décadas el vacío. Pero llegaron a conformar un nuevo y duradero proyecto exitoso basado directamente en la música electrónica aún con ese aire raro y de misterio, New Order.

Cualquiera de los dos discos citados merecen atención pista a pista, pero especialmente destaca el inconmensurable Love Will Tear Us Apart, un single compuesto por Ian Curtis que se publicó un mes antes de su muerte y que consiguió años después ser todo un clásico del post punk.


lunes, 3 de enero de 2011

The Church, El Culto de la Música


En plena fiebre de los ochenta, esa década tan denostada por unos y con la misma fuerza adorada por otros, surgió un cuarteto en Australia que vino a demostrar, como otros, que no todo era sintetizadores y programaciones secuenciadas, y si lo eran existían formas de combinarlos magistralmente y obtener el mismo o más éxito.

Y a veces las palabras sobran si no fuera porque es preciso conformar un contexto para hacerse eso que hemos dado en llamar conocimiento de causa.

Tres chavales en 1980 en su Sydney natal decidieron poner un poco de elegancia guitarrera a la fría fórmula en serie que empezaba a adueñarse del panorama musical mundial. Emergieron con todo el sabor de post-punk de la segunda mitad de los gloriosos setenta.

En aquel tiempo el inicial terceto, posterior cuarteto, hizo suya la idea Beatles de combinar la sugerente simplicidad de la guitarra, el bajo y la batería con hermosas armonías que en el caso de The Church se definió como neopsicodelia, es sólo un nombre como tal limitado.

De pronto la fórmula empezó a funcionar como un movimiento minimalista que fue cogiendo brío en toda Australia. Los ecos llegaron a EE.UU. y allí la todo poderosa Warner Bros. de entonces les quiso producir su álbum mejor en 1986, Starfish.

Una obra maestra que jamás llegaron a superar después. En ella lo dicho, atmósferas elegantes, guitarras precisas y muy timbradas y un halo mistérico que adornó un sonido impecable, agradable y muy seductor. De entre los temas del disco destacó el mágico Under The Milky Way. Si lo escuchas no te desharás de él jamás.