domingo, 2 de mayo de 2010

Canciones Con Historia, Qué Maravilloso Mundo

 
 

Como bálsamos que reparan cualquier anomalía del comportamiento y del alma. Esa música que efectivamente amansa a las fieras más difíciles. Y es eso lo que debieron pensar el productor de jazz clásico Bob Thiele y el letrista George David Weiss al crear What A Wonderful World.

Compuesta en 1967 la ofrecieron inicialmente al crooner Tony Bennett que la rechazó (aunque llegó a cantarla años después, en 2002). El custodio final fue el trompetista de jazz e intérprete ocasional Louis Armstrong que la grabó por primera vez en 1968.

Pero hubo un contratiempo más. La canción no fue del agrado del director de la discográfica ABC Records por lo que no gozó de la promoción suficiente. Siquiera llegó a superar las mil copias en ventas.

Sin embargo al publicarse en el Reino Unido el resultado fue bien distinto. Arrasó. Llegó al número uno de las listas de éxitos y se convirtió en el icono que en la actualidad es. En 1971 con la muerte de Louis Armstrong volvió a publicarse en EE.UU. Esta vez sí cosechó el éxito absoluto.
 



Tras infinidad de versiones y sobre todo tras su inclusión en la banda sonora de la película de Barry Levinson Goodmorning Vietnan (1987) protagonizada por Robin Williams, What A Wonderful World obtuvo una difusión mundial de la que sigue disfrutando como referente social.

No olvidemos que el tema está compuesto en clave optimista tomando como eje la esperanza de un mundo mejor, de los bebés de hoy que lo heredarán mañana entre arcoíris multicolor y amantes abrazados en un eterno te quiero... Todo ello en los convulsos años sesenta estadounidenses con interminables conflictos raciales.
 
Canciones con mucha historia.

A continuación la versión original del trompetista de Nueva Orleans Louis Armstrong y una deliciosa versión de Rod Stewart en directo en el Royal Albert Hall.
 
Como broche final un espléndido y entrañable dúo que Katie Melua realizó en 2007 con Eva Cassidy y además en clave de Jazz. Muy recomendable.



 

sábado, 1 de mayo de 2010

Sorpresas Te Da La Vida


En alguna ocasión en este mismo blog hemos hablado de los famosos crooners americanos tipo Dean Martin, Sammy Davis Jr., Fran Sinatra o Tony Bennett y el recientemente añadido Michael Bublée en Canadá. Pero en España los tenemos y bien atractivos.

Por mis oídos a lo largo del día pasa mucha música. Lo escucho casi todo porque por muy malas esperanzas de futuro que un intérprete pudiera tener a priori la experiencia siempre me ha demostrado que allí donde menos lo esperas surge la sorpresa.

Como cantaba la mítica y veterana banda de salsa catalana Orquesta Platería parafraseando a Rubén Blades, 'La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida'. Y que se lo digan a ella misma que nació sólo para hacer una actuación puntual en 1974 y después disolverse y en la actualidad siguen dando guerra.

Me ha pasado. Sí, 'Cuando naces para martillo, del cielo te caen los clavos'. En uno de esos discos de los que esperas sólo una correcta ejecución de la banda y similar cadencia en la interpretación, más de lo mismo, de pronto un oasis en el desierto. El de Sabadell Sergio Dalma ha dado en la diana. Una obra maestra de la música ligera.

En su álbum Trece, décimo tercero de su carrera, en un rinconcito hay una joya que debiera haber gozado de una mejor disposición en el enumerado de temas. Es el octavo y quiero pensar que un guiño, porque sin complejo alguno bien pudiera ser la octava maravilla del mundo. La cancioncita de marras se llama Me Cansé.

No quepo en mi asombro. Su voz como nunca antes la escuché, madura, matizada, latinamente rasgada como siempre pero aquí con una intensidad inusual. Y todo ello, y aquí es donde yo muero, en un perfecto estilo soul y blues puramente genuino.

Enhorabuena Sergio. Y si alguien cercano a ti tiene acceso a este blog que te transmita mi deseo de seguir oyéndete en este registro de Me Cansé en futuros trabajos.


jueves, 29 de abril de 2010

Ten Sharp, 'You'



Al rescate de aquellas bellas canciones que lejos de olvidarse siguen enamorando a nuevas generaciones. Esas composiciones que trascienden a sus creadores e intérpretes. Sencillas pero intensas, como siempre defendemos desde este blog.

Hablamos hoy de una banda, un dúo en realidad de holandeses que tuvo unos inicios difíciles. Su música basada en la bien timbrada voz de Marcel Kapteijn y el teclista Niels Hermes da lugar a elegantes y atractivas canciones.

Es lo que debieron ver los ejecutivos de la ya desaparecida CBS Records a mediados de los 80 cuando decidieron grabarles algunas de ellas. Pero la cosa no funcionó y se dedicaron a componer para otros.

Pero he aquí que la refundada discográfica ahora llamada Sony Music quedó atónita cuando al mirar su catálogo europeo descubrió un conjunto de maquetas que no llegaban a comprender por qué no se habían producido y publicado. Y es que entre ellas se encontraba You, la joya de la corona de Ten Sharp, nombre artístico de los dos músicos.




Se incluyó en un álbum con nueve canciones más llamado Under The Waterline (1991). Se iniciaba con el mencionado You, y ya su impronta embriagaba el resto del disco. Fue nº1 en toda Europa y más allá del continente también triunfó aunque algo menos.

El dúo se hizo muy popular, actuó mucho en directo en pequeños y grandes lugares. Siguieron grabando pero su estrella se fue apagando excepto por esa luz rutilante de You que en la actualidad lleva vendidas 18 millones de copias, con dos nuevas versiones que grabaron en 2009, una acústica y otra una revisión.


miércoles, 28 de abril de 2010

Una de cine Clásico y Sin Nombre

A veces es injusta la industria del entretenimiento, entertaiment como dicen los yanquis. Después de algunos años me he podido dar el placer, sí, el placer, de volver a visionar uno de los grandes clásicos del género del western... Vayamos por partes.

La cinta de 1969 está basada en un musical de Broadway que tuvo un éxito importante. Rápidamente las cabezas pensantes del celuloide decidieron que sería bueno seguir rentabilizando la obra teatral del pianista estadounidense de origen alemán Frederick Loewe que por entonces formaba tándem con el también compositor Alan Jay Lerner.

A tal fin se contrató a un escritor, actor y director de teatro de Texas de nombre Joshua Logan. Éste ya había obtenido dos buenos reconocimientos en su carrera como son los Premios Pulitzer y Tony en 1950 por la obra South Pacific, además de dirigir un guión de Jack Lemmon en 1955 en Escala en Hawai que le supuso a Lemmon su primer Óscar como guionista.

Por otro lado y para los papeles principales se eligieron dos figuras de talla que hoy sabemos lo es uno de ellos, me refiero a Clint Eastwood y el que ya desde aquel lejano 1969 lo era, Lee Marvin.

Lo que allí surgió fue una suerte de musical combinado con la comedia, el western y dos figuras claves del cine de toda la vida caracterizando a sendos colonos que por el azar se conocen entablando una amistad que desemboca en mil aventuras y desventuras en un lugar donde el oro florece. Allí, atraídos por la posibilidad de prosperar en la vida acuden los legendarios buscadores del preciado metal en la segunda mitad del XIX en la joven nación del norte de América.


Y nace una ciudad de la nada. La típica 'urbe' espontánea en la que rápidamente se dan cita gentes de distinta calaña para hacer su agosto. Una ciudad con todas sus virtudes y defectos propios de aquel entonces y de la actualidad, por desgracia.

En clave de comedia y sin abusar del género musical brilla sobre todo Lee Marvin que da vida a un bohemio errante bordando un papel cómico como nunca antes y después hizo. Merece la pena ver la película sólo por él.

Y dicho y hecho, fue el único premio que obtuvo La Leyenda de la Ciudad Sin Nombre que es como se llamó aquí, un Fotogramas de Plata en 1970 al mejor intérprete de cine extranjero. Mereció mucho más.

He elegido un fragmento de Paint Your Wagon, su título original, que al fin y al cabo quedó para la posteridad. Los propios protagonistas principales cantaron algunas piezas de este atípico western con vocación de musical. La más recordada es la de Lee Marvin interpretando Wand'rin' Star (Estrella Errante), una obra maestra de la música para el Séptimo Arte. Y a continuación Eastwood dejando clara su ya inclinación hacia el swing y el jazz en una interpretación más que respetable de Gold Fever (La Fiebre del Oro).




domingo, 25 de abril de 2010

Los Wings de Paul McCartney


Vuelvo del retiro espiritual que de vez en cuando la vida nos impone. Suele salirse de él fortalecido, con nuevas perspectivas habiendo dejado lo superfluo a un lado. Lo que realmente importa es lo que va tomando su sitio, ese que nunca debió abandonar. Así que con una nueva actitud ante la vida, en realidad la misma no nos engañemos sólo que el lastre va más ligero, sigo buscando música.

Algo parecido debieron experimentar los Beatles en aquella época de los sesenta cuando se marcharon a la India y volvieron imbuidos de toda la carga trascendental del pensamiento oriental. Algo les cambió. Porque cuando decidieron disolver el grupo en 1970 tras desavenencias nunca confesadas abiertamente algunos como George Harrison continuaron esa senda del karma hindú.

Lo de Paul McCartney fue otra historia. Parece que debió dejarse allí parte de su inspiración. Aún cuando el tándem Lennon/McCartney funcionó a las mil maravillas, y la historia está ahí para demostrarlo, en solitario no lo hizo tanto.

Pronto aparecieron las dudas sobre quién en verdad era el auténtico hacedor de tan buenos temas, sencillos pero impactantes por revulsivos en una época que sin ellos no hubiera sido tan próspera. Y no quiero rubricar aquí una relación escrita de grandiosos éxitos tan breves en metraje como largos, largos en el tiempo.

Era evidente, por más que se esforzaran después en desmentirlo, que las chispas saltaban entre ambos. Ni Yoko Ono terminó de convencer al resto del grupo, ni a su vez el grupo guardaba buenas esperanzas para el mismo habida cuenta de la influencia que ésta ejercía en Lennon.

Tanto es así que la rivalidad personal pasó al plano profesional una vez más. En una ocasión John afirmó sobre la música de Paul que "sólo componía canciones tontas de amor". Dicho y hecho. Me explico.

Entre tanto la prensa reprochaba a McCartney la incorporación a los Wings de su mujer Linda -no así la de Denny Laine ex-guitarra de los Moody Blues- y paralelamente John aprovechaba para lanzar arengas al ex-beatles, ya no cabía esperar otra cosa que la reacción contundente de McCartney. Y llegó. Utilizó su mejor artillería, el pentagrama, su bajo histórico y las listas de éxitos.



En 1976 se sacó de la manga su quinto disco Wings At The Speed Sounds. En él había un tema espléndido para el éxito inmediato, Silly Love Songs. La crítica diría que era más de lo mismo de un McCartney falto de inspiración. Los que domináis el inglés ya habréis dado con la ironía del mismo. Exacto, Canciones de Amor Tontas.

Sólo ocurrió que el temita de marras llegó a ser rotundo nº1 en EE.UU. En Gran Bretaña quedó a un sólo paso de la gloria total, pero que tampoco empaña el éxito porque se aupó hasta el nº2. En él el bajo de McCartney se hace notar y le estructura básica gira en torno a un sonido que empezaba a tomar cuerpo años después, y de qué manera, me refiero a la música disco.

Y abrió camino porque otros clásicos como el bueno de Rod Stewart se atrevió con el procaz Da Ya Think I'm Sexy? y tampoco le fue mal. Y vete rápidamente al Miss You de los Rolling Stones a ver cómo suena.

En fin, cosas de la música que de vez en cuando gusta recordar. Disfruta el siguiente vídeo de Silly Love Songs que es una revisión posterior del tema. Ahora que sabes la trastienda seguro que le encuentras otro atractivo. El siguiente es una actuación en vivo de otro éxito del álbum, Let 'Em In.




miércoles, 24 de febrero de 2010

Vaticano Bailón


Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. Y es lo que parece le acaba de ocurrir por enésima vez a la Santa Sede. Si es que no hay que desesperar. Lo malo es que los tiempos de acción- reacción del Vaticano se me antojan un poco lasos depende de cuál sea la cuestión de la que hablemos.

Parece que quisieran recuperar un terreno perdido a golpe de inmovilismos varios en los últimos siglos de su historia. Y le ha tocado el turno a la música, qué le vamos a hacer.

Sí, queridas y queridos. La música, ese sentimiento enarbolado que sirve lo mismo para un roto que para un descosido, que llega a cualquier rincón, que amansa a las fieras y da rienda suelta al genio del género humano sirve de trampolín ahora para un nuevo lavado de cara de la Iglesia Católica.

Y lo que antaño fue perversión, lujuria, malas artes del diablo que se hacía presente a ritmo de guitarra, bajo y batería hoy se torna todo bondad y paz.

Tanto que esos doctores que siempre tiene la Santa Madre Iglesia han confeccionado, por su cuenta, una lista de las diez mejores canciones del pop y del rock de la historia que además, ¡ojo!, son aptas para llevarse a una isla desierta... Lo han dicho ellos, no bromeo.

Apareció publicado en el diario oficial de la Santa Sede L'Osservatore Romano. Diario que dicen los entendidos está irreconocible desde que lo dirige Gian María Vian. En el cual se llega a decir, por supuesto con la aprobación de Su Santidad el Papa Benedicto XVI, que la lista de esos diez clásicos del pop y del rock se hace para sobrevivir a la marea creciente de canciones festivaleras. Vamos que no dan puntada sin hilo y están a todos los frentes.

Juzga a continuación por ti mismo los sacrosantos éxitos de la música moderna y sus autores e intérpretes y así haces tu propia composición de lugar.

Thriller de Michael Jackson
The Dark Side Of The Moon de Pink Floyd
Revolver de The Beatles
Graceland de Paul Simon
Supernatural de Carlos Santana
If I Could Only Remember My Name de David Crosby
Rumours de Fleetwood Mac
Nightly de Donald Fagen
Achtung Baby de U2
(What's The Story) Morning Glory de Oasis

En fin, son sólo diez, y me ahorraré el chiste, aunque se me ocurren otras... ¿Y a ti?. Algún himno, Miguel Ríos...


jueves, 28 de enero de 2010

Sencillo y Directo, John Denver


El montañés John Denver fue un hombre sencillo en las formas y su música daba buena cuenta de ello entre el pop en ocasiones y siempre folk. Pero ese folk de alma verdadera y alusivo a las emociones y vivencias desde el corazón de los aguerridos montañeses yanquis.

Pero al tiempo también fue un hombre inquieto. Se dedicó a la música, como es evidente, y también a su otra pasión, el vuelo. Incluido el acrobático. Llegó a estar a los mandos de un auténtico F-15.

Si la música le reportó una gran popularidad a nivel mundial con su voz inconfundible y melosa, el vuelo le llegó a costar la vida misma. Fue en octubre de 1997 cuando pilotaba un avión experimental de fibra de vidrio. Tenía sólo 53 años.

Denver, natural de Roswell, Nuevo Méjico, destacó además como actor, pero sobre todo por su labor humanitaria. Fue inspirador de varios proyectos de conservación de la naturaleza y llegó a fundar su propio grupo ecologista. Auspició distintas campañas para la erradicación del hambre llegando a trabajar codo con codo con diferentes lideres políticos buscando una solución.

Siquiera porque gente así no abunda en este atribulado mundo del siglo XXI ya se hace preciso recuperar una figura como la de este cantante y compositor estadounidense.

Por todo esto John Denver se ganó a pulso un lugar privilegiado y singular entre nosotros, los ensimismados musicales. Fue el músico más popular en lugares a dónde otros ni soñaban llegar por entonces, África, India o el Sudeste Asiático. Allí fue con sus canciones y su mensaje.

Sus letras reflejaban con credibilidad su pasión por la naturaleza y labores humanitarias. Inolvidables son las melodías siempre suaves y elegantes de temas como Country Roads, Leaving On A Jet Plane o Rocky Mountain High.

Pero quiero hacer mención a un delicioso tema de 1974 que dedicó a su mujer Annie, Annie's Song. La expresión de amor más sincera y honorable hacia una mujer. Lo vemos en una actuación en directo poco antes de su desaparición.



domingo, 17 de enero de 2010

Biblioteca del Congreso EE.UU.




Acumular el saber, el conocimiento o dejar escrito y conservar para la posteridad los hechos, mejores o peores, como exhibición ejemplarizante y un interés por mostrar las bonanzas tecnológicas o morales de cada época o civilización ha ocupado desde el principio de los tiempos a la humanidad.

Desde las cuevas de Altamira hasta la mítica Biblioteca de Alejandría pasando por todo el poder que a modo de reservorio de conocimiento acumularon los primitivos cristianos y después la Iglesia, ésta durante la Edad Media y prácticamente a la actualidad, son sólo unos ejemplos.

Las bibliotecas son en sí mismas el disco duro de toda la historia conocida del mundo y sus habitantes. Y evidentemente evolucionan en sus contenidos al ritmo y medida que nosotros lo hacemos. El Séptimo Arte por ejemplo ha tomado un papel predominante en algunas de ellas. Estos días se ha producido un hecho histórico que con toda seguridad abrirá camino.

En la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos acaba de producirse un acontecimiento sin precedentes: ha acogido por primera vez en su historia un vídeo musical. En los mismos estantes de películas como la inolvidable Casablanca de Michael Curtiz dirigiendo a Humphrey Bogart e Ingrid Bergman o Eva Al Desnudo de Joseph L. Mankiewicz con la intrigante mirada de Bette Davis y una incipiente Marilyn Monroe, a partir de ahora se podrá contemplar la figura de Michael Jackson.

Ya dije en su momento que no dejaríamos de hablar del genio de Indiana. El videoclip Thriller de casi 14 minutos de metraje y que alcanzó en su momento por innovador en el mundo de la música un éxito sin precedentes pasa a formar parte del registro Nacional Fílmico de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU.

Los muertos vivientes de aquel cortometraje comparten eterno descanso con otros inmortales del cine. Y lo que nos queda por ver. De momento disfrutemos con el vídeo, que ciertamente es un trabajo sobresaliente.



martes, 5 de enero de 2010

Estados de Ánimo, Amaneciendo

En mis largos periplos por la memoria de la música moderna he hallado mil y una sensaciones irrepetibles. Aquellos clásicos vinilos de toda la vida que sin saber por qué de pronto vuelven del más allá, de un injusto descanso de los justos. Porque a pesar de la tira de años que ya visten sus surcos siguen tan enamoradizos como siempre.

Me he entretenido en acomodar mi castigado cuerpo en el sofá más confortable de casa y casi como si el tiempo hubiera retrocedido unos cuantos años atrás, no te diré cuántos porque yo también gasto coquetería, he disfrutado como un niño.

El motivo de mi júbilo las notas suaves, elegantes de un Neil Diamond al que muchos tacharon de ñoño y suavón. Seguramente por envidia porque en los años de este disco que te propongo, primera década de los setenta, estaba hasta en la sopa y con un exitazo casi igualable al de final de la presente que casi acaba.

Es cierto que Diamond nunca inventó nada. De hecho se presentó a mediados de los sesenta como un Elvis más y comenzó la siguiente década ataviado de un halo cuasi místico, muy acústico e introspectivo como era la moda por aquel entonces. Ese tipo de músicos que llenan la escena con sus propuestas a veces pretenciosas pero siempre geniales y correctos.

Este hombre natural de Broocklyn fue un poco más allá imprimiendo cierta originalidad en sus trabajos y sobre todo una calidad vocal basada en la versatilidad de una voz inconfundible y muy bien timbrada repleta de sentimiento.

Su buen amigo Tom Catalano supo captar la profundidad de las reflexiones en forma de canción de un poeta introspectivo con una gran facilidad para construir melodías pegadizas como hermosas baladas, en ocasiones, es cierto, algo recargadas.

Pero ahí está, con un puñado de buenos clásicos como Play Me o el irreductible Song Sung Blue. No te diré más que el greñudo Diamond de antaño que tan mala relación mantuvo con la crítica musical encuentra una tregua en este disco llamado Moods, porque sirvió de punto de inflexión entre el "cariño" mutuo que ambos se profesaban. Este álbum es sin duda uno de los mejores discos de Neil, opinión unánime.

Vámonos a continuación con el tema que cierra el álbum. Una sentida baladita con la cálida voz e interpretación de un pletórico músico en el mejor momento de su carrera, Morningside.